miércoles, 1 de junio de 2011

Una crónica es una obra litertaria que narra hechos históricos en orden cronológico. La palabra crónica viene del latín crónica, que a su vez se deriva del griego kronika biblios, es decir, libros que siguen el orden del tiempo. En una crónica los hechos se narran según el orden temporal en que ocurrieron, a menudo por testigos presenciales o contemporáneos, ya sea en primera o en tercera persona.
Se entiende por crónica la historia detallada de un país o región, de una localidad, de una época o de un hombre, o de un acontecimiento en general, escrita por un testigo ocular o por un contemporáneo que ha registrado sin comentarios todos los pormenores que ha visto, y aún todos los que le han sido transmitidos. Tales son por ejemplo, las crónicas latinas de Flodoart, canónigo de Reims, y de Guillermo de Naugis y las crónicas francesas de Froissart y de Monstrelet. De todos los países europeos acaso los más ricos en crónicas sean Francia, España, Italia e Inglaterra.
En la crónica se utiliza un lenguaje sencillo, directo, muy personal y admite un lenguaje literario con uso reiterativo de adjetivos para hacer énfasis en las descripciones. Emplea verbos de acción y presenta referencias de espacio y tiempo. La crónica lleva cierto distanciamiento temporal a lo que se le llama escritos históricos. Por medio de las crónicas se pueden redactar escritos, tomando las opiniones de varias personas para saber si esto es cierto o no, como en el libro Crónica de una muerte anunciada escrito por Gabriel García Márquez.
Las crónicas son también un género periodístico. Se las clasifica como "amarillas" o "blancas" según su contenido. Las "amarillas" tienen material más subjetivo y generalmente la voz autorizada es una persona o ciudadano común; las "blancas" usan material más objetivo y la voz autorizada es, generalmente, la autoridad, un profesional, etc.
Crónicas que sobresalieron:



Aunque el café no es oriundo de Cuba, se ha hecho imprescindible entre los cubanos, al punto de pasar a formar parte importante de su cultura. Para la gran mayoría de los adultos de este país, beber una humeante taza de café, es una de las primeras acciones del día y pretexto obligado de cualquier encuentro y de una buena sobremesa.

El café llegó a esta isla a través de los franceses que emigraron hacia la región más oriental de Cuba, tras la revolución antiesclavista que tuvo lugar en Haití a finales del siglo XVIII.

Por regla general, los cafetales cubanos han sido emplazados siempre en las serranías de la isla, sobre los 500 a 800 metros del nivel del mar. Aunque es en zonas de la Sierra Maestra y el macizo montañoso Sagua-Baracoa, donde se ha concentrado por práctica el mayor peso de obtención, también en el Escambray, al centro de la isla, y en la Sierra del Rosario y la de los Órganos, en Pinar del Río, ha existido una fuerte tradición en tal cultivo.

En las serranías cubanas el cafeto encontró un microclima que le propició las condiciones óptimas para su crecimiento, tan es así, que la producción cafetalera cubana fue, en aquella época, una de las mayores del mundo.

En la actualidad se conservan restos de aquellas asciendas cafetaleras en la provincia de Pinar del Río y, particularmente, en La Isabelica, la Gran Piedra, muy cerca de la ciudad de Santiago de Cuba; una de las más importantes y mejor conservadas.

Hoy en día, el café cubano no sobresale por grandes volúmenes de exportación, sino por su excelente calidad, sobre todo en la especie Arábica, que lo ubica entre los preferidos del mundo; especialmente en Japón, que es uno de los más exigentes mercados. Entre las marcas más famosas están: Cubita, Turquino, Hola, y la famosa Crystal Mountain.

Y dejarían de ser como son los cubanos, si no se hubiesen inspirado en algo tan preciado para ellos. Es por eso que muchas producciones artísticas tienen como motivo al café. Pero sin dudas la más famosa es la obra musical que inmortalizara el popular músico habanero conocido por Bola de Nieve, y que su estribillo más conocido dice…..”Ay mamá Inés, ay mamá Inés, todos los negros tomamos café”.

Crónicas más destacadas en esa época:
#Los 90 no fueron una mala época sino hasta el final, con la llegada de las crónicas marcianas, el reguetonerismo, papichulos y chunda-chundas. Esos movimientos abrieron paso a la década más cutre y lamentabe de las que se recuerdan, o sea, la primera década del siglo XXI -- bajo cuya influencia cultural vivimos. Pero esta década no será recordada por los que están viviendo su infancia en ella, ya que o bien no serán capaces de escribir nada inteligible, o bien preferirán olvidarla (si consiguen desarrollar la inteligencia suficiente para poder escribir.